lunes, 21 de abril de 2014

Un paseo por la historia...La ruta del Serrablo

Cuando viajas y estas lejos de casa, siempre sorprende encontrarse con otros viajeros que al preguntarte por tus orígenes te  hablan de lugares cercanos que apenas valoras o que ni siquiera conoces. Es por ello que me encanta recorrer rincones cercanos y lugares que por mi trabajo muchas veces recomiendo o incluso explico, pero que desde un ángulo diferente se muestran en todo su esplendor.
Algo así me ocurrió la otra tarde con la ruta que discurre entre Sabiñánigo y Biescas por la margen izquierda del río Gállego que es conocida popularmente como ruta de las Iglesias del Serrablo por encontrarse en ella algunas de las más representativas de un conjunto bastante más amplio.
Es un recorrido que he realizado en innumerables ocasiones desde corriendo para entrenar un maratón, hasta en autobús con  grupos, pero no me cansa, muy al contrario logra sorprenderme cada vez, sea por la luz, la estación del año o la compañía...todo cambia.
Las Iglesias merecen escribir una entrada casi para cada una, pero es verdad que desde que las conocí en la época de la facultad y me asomé a todas sus polémicas y controversias cronológicas, no han echo sino seducirme con sus enigmas. Mozárabes o Lombardas, todos reconocen sus peculiaridades y bien sabemos que de estar en otro territorio serían referente y centro de atracción.
Pedalear disfrutando de paisajes de ensueño donde se mezclan escenarios medievales con pueblecitos auténticos apenas trastocados, donde las piedras tienen su razón de ser en lo más profundo de sus raices o donde los hielos y las aguas dejaron cicatrices que explican nuestro presente.
 No hay más que mirar y disfrutar del aire que refresca nuestro sudor y nos trae olores de campo y montaña.
La ruta es en sí misma el comienzo de otras muchas, Santa Orosia, Sobrepuerto, la Cascada de Oros, Senegüé y la morrena...son solo algunos de los lugares a los que ir desde aquí y que tienen la suficiente entidad como para convertirse en actividades únicas donde la historia, la geología o la botánica se mezclan para asombrarnos y mostrarnos algunos de sus secretos.
Me bajo de la bici y saludo a alguno de los lugareños que aún cuidan la tradicional forma de vida repartida entre la tierra y la ganadería que  pasta por esta tierra regada por un Gállego que en otro tiempo fué frontera de gentes y maneras.
El sol va bajando y destaca con sus últimos rayos a esos lugares en alto que como Oliván aprovechan las morrenas que un día el glaciar abandonó. La luz engrandece las construcciones y nos muestra sus secretos..
Últimas fotos, último esfuerzo y de vuelta en casa no puedo sino asombrarme y valorar esta tierra llena de historias en la que vivo.






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